
La medina huele a cúrcuma y a cardamomo.
Sabe a griterío y a cierta alegría pero no mucha: la de los niños corriendo y riéndose del extranjero disfrazado de beduino.
Algunas mañanas suena a carne de cordero y a sandías abiertas en canal.
La luz del mediodía, despiadada, mancha la piel del paseante con motas de azulete y tiñe la ropa con el ocre de las paredes soleadas.
Su baile es el de las sábanas tendidas y su música la de los plateros y los cacharros apilados en el suelo.
¡Cal, almagre, jazmín y azafrán!
Y desde aquel portal sombrío intuyo una mirada oscura:
tu mirada furtiva y perfumada.
Viajando la amistad puede eser fugaz y dejar huella. Vuelvo a subir esta vieja entrada para todos ellos.
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