Fotografía del solar que ocupó el restaurante Frau Brust en Dresde destruido por las hordas de clientes enfurecidos.
"Mi cocina es ecléctica: combino los colores del mar con los de la tierra, la Grecia clásica con la postmodernidad, Richard Cleiderman y Abba". Decía Otto Würstchen el cocinero poeta famoso por mezclar en sus guisos lo malo con lo peor.
Otto ansiaba conseguir una estrella, ser mediático, tener su propio programa de televisión e ilustrar a la plebe con sus rebozados magistrales. Pero en poco tiempo el ansia se convirtió en desazón, la desazón en angustia, la angustia en aflicción y la aflicción en zozobra.
Y Otto zozobró.
Zozobró, deconstruyó, emplató, machihembró, decantó, cristalizó, carbonizó y aromatizó todo lo aromatizable. Hasta el truculento día en que ocurriósele añadir al cartofelstrüdel los macarroncillos que quedan entre los dedos de los pies. Y gustándole el sabor que aportaban al guiso tales inmundicias, permutolas al día siguiente por otras de parecido sabor y textura, aderezando con ellas viandas y pucheros. Y de inmundicia en inmundicia y de cartofelstrüdel en cartofelstrüdel; la deconstrucción degeneró en engrudo, el machihembrado en cochambre y el aderezo en mugre. Y fueron tales mixturas: el engrudo, la cochambre y la mugre, la causa última de la ínclita agresión y ensañamiento que el cocinero poeta sufrió.
Otto mora hoy feliz y enajenado en el psiquiátrico de Flossenbürg y sólo alcanza en su simpleza a gritar con desmesura:
"¡Me cago en la Guía Michelin!"
Amén.
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Siento no atender como es debido este humilde cuadernillo pero se me ha despegado la prótesis y ando ocupado en remendarla o como mínimo que no se note el colgajo.
Señoras. Señores.
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