
El día que me tiró las cartas, cambió mi pasado para siempre.
Su acento nórdico no encajaba con la tez morena de gitana escandinava. "Nunca lo debiste hacer en miércoles" me dijo, y se negó a leer mis manos por temor y por el vértigo que le producía mi alma abisal.
La pintura es un vaso sucio, y poco más.