
Después de las críticas atroces he decidido, a mi pesar, dejarlo. Dejo mi carrera de cineasta, renuncio a un futuro quien sabe si esplendoroso. Me dedicaré a otros menesteres y quehaceres y ocupaciones y cosas de otra índole.
Pero una duda me tiene sin vivir en mí, insomne, bordeando el abismo de la desesperación:
¿Cuál me compro?
Ustedes dirán que se parecen, que son la misma vaina, pero no, no son la misma vaina aunque se parezcan. También se parece un rioja a un somontano, un biter Kas a un tinto de verano, una gamba a un langostino, un calabacín a un pepino y no, no son la misma vaina. Señoras, señores.
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