dijous, 8 de gener de 2009

Amalfitana


El limonar cae por la pendiente hasta que el acantilado lo recorta con el vértigo. Imagino su perfume en primavera. La tierra negra de la cala –escasa, diminuta– se quiebra de golpe por culpa de un turquesa que no debería estar ahí. Detrás de la última curva aparece por fin el ocre y la sanguina de Amalfi y el destello de la cúpula dorada como un insulto a ese gris tan bello que lo contiene todo. Y yo, hechizado, le doy la espalda al mundo y siento un arrebato con la luz ¡tan blanca! que surca el plomo con descaro.



dilluns, 5 de gener de 2009

Me gustaría que soplaras sobre mi cabeza



El taxista me ha contado que el bombero se ha quemado planchando una camisa. Dice que la herida se le ha infectado y ahora está de baja. He paseado por acantilados que olían a humo, a hierba quemada. He visto el volcán con la cima brumosa y las nubes y un jardín oscuro entre las ruinas, la hiedra y los limoneros fríos.
Qué raro es todo.