
Señoras y señores, me marcho unos días. No es que huya, bueno sí, sólo un poco: del ex-marido de mi ex-amiga al que no se le entiende un carajo cuando habla y que dice no sé qué de una cachiperra ¿qué será una cachiperra? ¿Alguien lo sabe?
Me despido por unos días y les dejo una foto del lugar donde suelo refugiarme del acoso de rufianes, bergantes, facturas y presupuestos.
No quiero irme sin antes hacer una modesta reivindicación del denostado tocino. Amo el tocino. Lo amo solo y acompañado; lo amo de día y de noche; lo amo embutido o en adobo.
Las legumbres y el tocino son una bendición, un milagro. Los milagros, como algunos de ustedes saben, son otra de mis grandes pasiones. Qué Dios bendiga a los milagros y a las Milagros. Hay milagros para todos los gustos y ocasiones: hay milagros para días de fiesta, para antes de acostarse, para hacer popó, para ir al dentista y para aguantar a los tontos. Les dejo algunos de mis milagros favoritos (me repito, lo sé):
- El ciego Bartimeo
- El endemoniado de Gerasa
- La suegra de Pedro
- El aerófago pobre
- El paralítico blasfemo
- La primera loncha hay que tirarla que siempre sale seca
En fin,
Qué Dios bendiga al tocino. El tocino es sublime, dicharachero, el tocino es patriótico, leal y amigo de sus amigos y por eso proclamo emocionado:
¡VIVA EL LOMO DE ORZA!
¡VIVA EL CHORIZO DE MATANZA!
¡ABAJO FRANCISCA VOISÍN!
(otra vez)
Bones vacances a tothom
A.
…