dijous, 24 de gener de 2013

el facha


Ir cada miércoles a cenar con aquella familia era un suplicio. Un compromiso heredado que en los dos años que duró, fui incapaz de romper. Estaba compuesta por un marido siempre ausente, un abuelo dandy y masón que intentaba besarme en los labios cuando me despedía en la puerta del ascensor y una madre con dos hijas, gordas las tres. 

El apartamento de esta gente estaba en Cinisello Balsamo, un barrio obrero de Milán, tenía falsas columnas griegas y el teléfono forrado de leopardo. Se las daban de marqueses en aquel decorado de cartón piedra, rancio y ridículo.
Han pasado treinta años pero recuerdo con nitidez la noche en que invitaron a un amigo del marido ausente a cenar. Se llamaba Vittorio, un sesentón dicharachero y fascista. Al saber que yo era de Barcelona empezó a contar sus anécdotas de piloto bombardeando mi ciudad durante la guerra civil.
Tuve que ir a vomitar.
Las noticias publicadas estos días me lo han recordado.



dimecres, 23 de gener de 2013

El astrólogo

El astrólogo me adivinó los siguientes treinta años de mi vida desde su despacho al aire libre de Benarés.
Acertó los hijos que he tenido, que mis hermanos son dos y lo poco o mucho y en qué me he ganado la vida.
Predijo también la hora exacta de mi muerte, que será en miércoles. La vaina es que le di mal la fecha de mi nacimiento.