dimarts, 3 de juliol de 2012

El criador de cobras




Abdelaziz tiene una granja de serpientes venenosas. No las vende; ni siquiera cosecha su veneno para fabricar antídotos. Lo hace porque lo ha hecho siempre y porque también lo hacía su padre y el padre de su padre.
   Las muestra en la plaza cuando hay fiestas y en los crepúsculos alegres del ramadán. A él no le pican, dice, porque las ha visto nacer y las llama por su nombre.
   Pero el imán ha puesto a todo el pueblo en su contra. Le han ido con el cuento de que las serpientes se escapan por la noche y entran en las alcobas a mamar la leche de las madres primerizas. Yo no me lo creo. Lo que pasa es que a Abdelaziz nunca lo han visto rezar y eso, en estos tiempos que corren, no se
tolera.