divendres, 29 de juliol de 2011

Obituario

Guarro Writh. Acuarela hecha cuando era muy mayor y hacía muchos años que había dejado de pintar. Cortesía del Patronato del Asilo de Mataró.


Guarro Writh inventó el Cubismo aunque ya nadie se acuerde de él. En realidad se llamaba Salvio Sansón Guarro Canché pero de manera incomprensible decidió cambiarse sólo el segundo apellido.
Hijo del capataz, un reusense desalmado que tuvo 32 hijos de no se sabe cuantas mujeres, y de una mulata lista; pasó su infancia en la plantación de caña que su padre regentaba con mano fierra.
La miseria despierta vocaciones, dicen, y con un palito untado en bosta de vaca el niño Salvio Sansón comenzó su carrera pintando querubines en las paredes de la choza en la que malvivían. No hay documentos gráficos de aquellos primeros dibujos de caca esparcida pero la leyenda cuenta que causaban la admiración de los indianos que visitaban la hacienda. “Será mierda” –decían–, “pero los ángeles parece que vuelen”.
Uno de esos hacendados se encaprichó de él y a cambio de no pocos favores, le dio dineros, consejos y un pasaje para un velero con destino a Amberes. Allí conoció, en un burdel donde unas putas buenas lo mantenían por lástima, a Othon Friesz –el célebre pintor fauvista- que estaba de paso viajando con George Braque. Braque admirado de aquel talento innato se lo llevó a París donde le dio cobijo, comida y le enseñó a hablar francés. Y en París pintó sin parar. Apenas comía, salía de la buhardilla de Braque a la fuerza y sólo para ponerse hasta arriba de absenta. De qué si no. Quizás fuera la bebida anisada, sola o combinada con otros venenos, la que produjo los delirios pictóricos del otrora niño Salvio Sansón (desde entonces ya Guarro Writh). Lo que en su día fueron inocencias celestiales pintadas con caquita, ahora eran inquietantes desfiguraciones cuyos ángulos inconcebibles desquiciaban a sus contemporáneos.
Picasso lo visitó a menudo y aunque es indemostrable, se sabe que fue tan honda la impresión que le causó, tan traumático el impacto, que ya no pudo dejar de copiarle. Todos le copiaban. Todos callaban.
Su obra se ha perdido. Supongo que de manera sospechosamente interesada. También los bocetos que inspiraron –qué eufemismo- las Demoiselles d'Avignon desaparecieron sin dejar rastro. Las malas lenguas dicen que trabajó de negro para otros que consiguieron fama y dinero o que, al no firmar nunca sus obras, los tres famosos cubistas se apropiaron de sus cuadros.
Sus malos amigos lo tuvieron encerrado manteniéndole con una estricta dieta de venenos hasta que Jusep Torres Campalans (genio inmerecidamente olvidado) lo rescató y se lo llevó a Barcelona. En la capital catalana dejó la bebida y aprendió el oficio de cortador de jamón que desempeñó a lo largo de su vida. Nunca volvió a pintar. Sólo de muy mayor ensució algún papel con acuarela (les muestro la única que existe).
En el 36 le sorprendió la guerra civil, se enroló, estuvo luchando en el frente, lo apresaron en los Monegros, lo condenaron a muerte, lo indultaron y estuvo trabajando –otro eufemismo- en régimen de esclavitud construyendo el túnel de Viella durante siete años. Allí conoció a mi abuelo materno. Fruto de esa amistad que duró para siempre, han llegado a mis manos algunos papeles, cartas, apenas un dibujo y la oportunidad de conocerle muchos años después. Recuerdo la mañana de cristal en que le visité en el asilo de Mataró. Tenía 102 años y la mente lúcida aunque me confundió con mi abuelo y se empeñó en reclamarme 30 pesetas por no sé qué asunto incomprensible.
Conoció a muchas mujeres pero no tuvo hijos. Un accidente con la trinchadora de caña de azúcar de la plantación que lo vio crecer se lo impidió, aunque no menguó las capacidades amatorias de aquel mulato descomunal, gran artista y mejor persona.

Descanse en paz.






dimecres, 20 de juliol de 2011

Soy un detritus de la sociedad

En 1996 compré el punpunsil en la teletienda...
que era una mierda.
Dos años más tarde, el supereslaiser...
un cagarro con ruedas.
Y hace 5 minutos, el Pro V Juicer eslaiser.

Me voy a tomar el anís y las pastillas.

dimecres, 6 de juliol de 2011

Hijo del mal


Al salir a la calle he visto un banco roto, un urbano multando, una palmera muerta, una caca de perro, los contenedores de basura rebosantes, un condón, el macdonalds, a Andrés que es cojo, a la vecina del escote, otra caca de perro pero pisada, al chino del bar y una caña. Bueno, dos cañas y unas bravas y unas olivitas.
Cambiar de barrio es como estar de viaje.


dimarts, 5 de juliol de 2011

El perriflauta vero


Estoy intentando enseñarle a tocar la flauta pero se me resiste. Igual le tira más la bandurria. Probaré. ¿Alguien me presta una? Aunque esté chupada no importa (la bandurria, no la flauta).