dilluns, 1 de juny de 2009

almóndigas del Ikea y poco más


Ya no cocino pero hace unos años sí lo hacía. Aprendí de mi padre y de los libros. Cocinaba siempre: en casa para mi familia y también para amigos y conocidos. En ocasiones, montaba jornadas de comilonas que empezaban el sábado por la mañana en el mercado desayunando en un bar mientras decidíamos el menú de la cena, el resto del día era una fiesta en los fogones.
Intentaba emular los guisos de cocineros que admiraba, daba la vara a mis amigos para que me trajeran libros cuando iban de viaje. Me gustaba aprender técnicas raras y siempre me arriesgaba con recetas nuevas sin haberlas intentado antes. Iba a restaurantes cuando me lo podía permitir y era capaz de desviarme unos cientos de kilómetros de mi ruta para poder comer en el Rincón de Pepe de Murcia. En 1979, con diecinueve años, di la vuelta a la península Ibérica con la guía michelín en el bolsillo, durmiendo en campings o en la playa al raso. Engordé seis kilos aquel verano. En Lisboa me robaron la mochila y me quedé con lo puesto.
Un otoño, mi familia me convenció para que me presentara a un concurso en el Mercado de la Boquería de Barcelona. Era un concurso de cocina con setas y preparé unos raviolis rellenos de “trompetes de la mort” y butifarra negra salteada con jengibre y salvia.

El único ingrediente imprescindible en la cocina es la ilusión y yo la perdí, no sé muy bien porqué.
Ahora aprecio más las cosas sencillas: los tomates en verano, esos tomates que parece que ya no existen con su increíble sabor y olor –Ah, el olor de los tomates en verano–; el aceite de oliva arbequina que hacen en Riudecanyes; unos huevos muy frescos, aunque si los dejo unos días en una caja de pórex junto a una trufa de invierno, la cáscara de huevo absorbe el aroma de las trufas y salen unos huevos fritos para morirse; las sopas de pan, ajo y pimentón tan simples, aunque si cuando la sopa está lista, apagas el fuego, le añades cuatro almejas gallegas grandes y tapas hasta que se abran, ¡madre de dios del empeine!
Ya no cocino, sólo como madalenas, almóndigas del Ikea y poco más.


En la fotografía, el mejor romesco de mundo, aunque Antídoto Esencial piense lo contrario, jajaja, qué inocente.
La ilustración la hizo mi amiga Eva. Se puede ver como soy en realidad, la verdadera esencia de mi ser.
Post dedicado al Futuro Bloguero por razones obvias.