divendres, 14 de desembre de 2007

el ventrílocuo mudo

Mi bisabuelo tenía un don, era ventrílocuo y maltés.
Nació en Xaghra, una aldea de la isla menor, pobre y despoblada. Recorría los pueblos míseros actuando a cambio de muy poco.
Su talento inverosímil hacía creer a los aldeanos que los muñecos tenían vida propia y que saldrían andando una vez terminaran la actuación.
De espíritu solitario y proclive a la melancolía, nunca sonreía y podía pasar semanas sumido en un silencio impenetrable.
Pero delante del público se transformaba: las palabras fluían bellas y precisas en su dialecto maltés, ejerciendo un poder hipnótico, flotante. Las voces y las miradas de sus criaturas, perturbaban las conciencias de la gente para siempre y alteraban el sueño durante semanas.

Al poco tiempo su mundo empequeñeció y no tuvo más remedio que emigrar a otra tierra y lo que es aún peor, a otras lenguas.

Pero era incapaz de inculcar a sus muñecos otro idioma que no fuera el suyo y en tierra extranjera las marionetas dejaron de hablar. Se convirtió así en el único ventrílocuo mudo del mundo: sólo emitían sonidos guturales que inquietaban al público y a las autoridades. Al final de su número la gente ni siquiera aplaudía, salían de la sala estupefactos entre murmullos de incredulidad; pero los teatros se llenaban a diario.

En uno de esos lugares remotos, lo vio Jean Babtiste La Margue, representante de fenómenos y descubridor de Le Petomane. Lo llevó a París, y allí triunfó al lado del marsellés flatulento.

En París hacía doble función con Le Petomane, incluso idearon un número juntos pero el dramatismo de las criaturas de mi bisabuelo contrastaba con las flatulencias hilarantes del francés.
Abandonó éxito y fortuna porque no podía soportar la añoranza del mar y de su luz irrepetible.

Lo mató el Gran Terremoto de 1908 en el estrecho de Messina, intentando regresar a su isla.

dimecres, 12 de desembre de 2007

detalls del bosc (II)


Tres colores
D200 | 105 mm 2.8 | f2.8 1/100 | iso 400 | luz natural | medición matricial -0,64

Propuesta por Igniszz:


dilluns, 10 de desembre de 2007

detalls del bosc (I)


solo
silencio
oigo el sonido de las hojas al caer

dijous, 6 de desembre de 2007

Mi galería de pintura


Empecé a pintar bajo la influencia de las vanguardias- Klee, Kandisnky- y de mis maestros más cercanos en aquel momento -Ràfols, Di Salvatore. Pero lo hacía de una forma intermitente y sin pasión.
Todo cambió el día que vi los primeros cuadros de Leticia Feduchi. Fue una conmoción tremenda, delante mío estaba el camino que debía seguir.
Desde entonces fui hacia atrás como los cangrejos. Descubrí la figuración, la luz de los holandeses, Caravaggio, Velázquez... Una pintura que había despreciado por arrogancia. Con la música me sucedió algo parecido.
Tuve la suerte, el privilegio, de frecuentar el estudio de esta gran pintora durante unos años inolvidables.

Pinto lo más cercano, siempre del natural, sin fotografías ni ópticas.
No tiene más valor que el intentar comprender: entender las transparencias del cristal, los pliegues de la tela y los reflejos del metal; comprender la luz, la forma, los colores de una sombra y poco más.
Me gusta la precisión del dibujo y recrearme en la caligrafía del trazo.
Pintar me causa un enorme placer/sufrimiento.
No enseño a casi nadie lo que hago pues dejan de tener sentido una vez acabados; pero reconozco un ligero cosquilleo cuando alguien admite que le gusta.
También tengo la sensación de no haber empezado. Que todo lo hecho hasta ahora no es más que una preparación, que un entrenamiento para empezar a hacerlo de verdad.
No creo que llegue ese momento porque ahora ya no pinto. Desde hace casi tres años no toco un pincel. Todavía no entiendo por qué. Estoy en ello.

He fotografiado los restos que han quedado por casa, los que no se han llevado amigos y familiares.
Pinchad aquí para verlos.
A ver que os parecen.

dilluns, 3 de desembre de 2007

En el metro, L3. Sentado frente a mí.

Un hombre se lima las uñas.
Al contrario de esos meñiques solitarios de uña larga y nacarada, sólo esculpe las cuatro de la mano derecha. La lima no es corriente, es un trozo de lija gris pegado a un listón y a cada pasada va soltando un polvillo blanco y fino como el talco. Indiferente, lija, mira, retoca y sopla; y el polvo va cayendo sobre su pantalón oscuro como caspa recién nevada.

Dedicado a los estupendos blogs musicales que estoy visitando últimamente.
Quien acierte autor o intérprete de lo que sigue, tiene premio (El sombrerero loco y Carrascus no juegan, que seguro que lo saben). Ah, y el oficio del señor del metro, aunque eso ya es más fácil.


© de la fotografía y la gráfica: Albert Buendía 2003